Viñeta de Brot

Tal vez ha sido casualidad que me haya topado con un número especialmente alto de candidatos que dicen esto de sí mismos (¿casualidad? Grissom diría que las casualidades no existen, ya sabéis! ;D), pero sea como sea, necesito haceros llegar este aviso por si os encontráis a punto de decir esto de vosotros mismos en la próxima entrevista o en vuestro Currículum:

Ser perfeccionista (o decirlo) no es necesariamente bueno.

A priori, parece una buena idea, pero si el reclutador se ha topado con gente realmente perfeccionista a lo largo de su carrera, puede que no guarde el mejor recuerdo de esta persona (incluso sin llegar al perfeccionismo obsesivo, que puede ser una patología).

Un perfeccionista puede convertirse en un cuello de botella. A menudo se tiran el doble de tiempo para hacer cualquier cosa porque tienen que asegurarse que cada pequeño detalle es perfecto. Esto puede ser un valor añadido para ciertos trabajos, pero para cualquiera que trabaje en equipo, de cuyo trabajo dependa que los demás puedan hacer el suyo, o que tenga que seguir un ritmo de trabajo alto… probablemente no lo será.

Un perfeccionista puede simplemente no aceptar cometer un error, lo cual no sólo le hace tardar más en terminar su trabajo, sino que además se revisará a sí mismo una y otra vez y probablemente además no acepte naaaaaada bien las críticas. O tras ese perfeccionismo se puede esconder una profunda inseguridad en su propia capacidad, lo que puede provocarle bloqueos completos: si no hacen nada, no pueden fallar, por tanto procrastinan todo lo posible.

[Para todo hay excepciones, gracias a Dios, y evidentemente hay puestos de trabajo concretos o sectores específicos donde el perfeccionismo es el valor añadido: trabajos de laboratorio, de investigación…]

Francamente, siendo alguien que ha gestionado equipos de trabajo y que ha seleccionado a gente, creo que el afán por hacer bien las cosas unido a la flexibilidad es lo que mejor funciona. El perfeccionismo es rígido y a menudo intolerante, establece objetivos de excelencia pero tan centrados en la consecución, que no suele aprender de la experiencia.

Y en un momento en que los mercados cambian tan rápido, trabajamos a ritmos vertiginosos y en situaciones ambiguas y complicadas, es probable que un reclutador prefiera antes a un candidato *adaptable* que a uno *perfeccionista*, a uno capaz de aprender de los errores que a quien no se los permite.

Aunque…:

“La gente que se llama a sí misma «perfeccionista» casi nunca lo es en realidad, mientras que los verdaderos perfeccionistas nunca andan por ahí diciéndolo.” Stephen J. Dubner

Si ya lo decía siempre mi madre (que son las que lo saben todo): “Lo mejor es enemigo de lo bueno…” 😉

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