El genial Quino

A Rey muerto Rey puesto: viva el 2011. La despedida del 2010 me ha resultado agridulce, ya que ha sido un año en el que he tenido la suerte de vivir momentos de intensa satisfacción pero por otra parte, ha sido el año que más he sufrido en mi vida – a la par con el odioso 1.990 -.

Pero no debo quedarme en esto. Creo (desde hace no mucho, debo reconocer) firmemente que no somos lo que nos ocurre sino lo que hacemos con lo que nos ocurre, por tanto debo aceptar los cambios, dejar partir las etapas de la vida y lograr hacer algo que me enorgullezca, a pesar de sentirme a veces consumida por el dolor. Supongo que eso es lo que se llama “la vida” y a lo que se refieren los entendidos cuando dicen que esto “te ayuda a madurar”. Yo simplemente creo que debo ser yo quien decida cómo quiero que sea mi vida, me niego a que las circunstancias me atrapen y me arrastren a ser la persona que otros decidan que yo sea.

Para eso están los propósitos, retos, metas, resoluciones… como lo quieras llamar. Es ese yo futuro que alcanzas a imaginar y te gusta, te satisface, quieres llegar a ser. Si has logrado captar una imagen, por efímera que haya sido, de cómo desearías ser en algún aspecto de tu vida, una imagen que te ha hecho vibrar, que te ha emocionado, que te ha puesto las pilas… no desaproveches el momento, está en tu mano que ese seas tú.

No lo pienses con la cabeza, piénsalo con el corazón. La cabeza te dice: “este año tengo que aprender inglés” pero el corazón te dice: “ya no puedo más con las puñeteras academias a las que me apunto cada año pero ni le dedico el tiempo necesario ni las ganas suficientes”. Si lo deseas con la cabeza pero no con el corazón, difícilmente encontrarás la motivación y la fuerza para lograrlo. Por eso te recomiendo que pienses muy bien cuáles son los propósitos para este año: ¿son exactamente los mismos que te llevas haciendo los último cinco años pero no logras cumplir? ¿no deberías entonces plantearte por qué en cinco años no has logrado cumplirlos?.

Sé brutalmente honesto contigo mismo -ya que es la única persona con quién puedes serlo-, y aunque este año tengas que adelgazar tu lista de propósitos a UNO solo, piensa bien cuál es el que más deseas con la cabeza y con el corazón, el que más te emociona cuando te imaginas a ti mismo cumpliéndolo… y comprométete con la cabeza y el corazón a cumplirlo.

¿Y por qué este año va a ser distinto de los anteriores?

Primero, porque has sido realista y has alineado tus dos armas más poderosas: razón y sentimiento. Segundo, porque lo necesitas. Porque necesitas darte la satisfacción de lograr lo que te has propuesto. Necesitas sentir que no eres una marioneta en manos de la puñetera mala suerte, sino que hay cosas que tú puedes cambiar a mejor. Porque no puedes limitarte a ser lo que te pasa, sino que debes actuar y ser lo que tú haces de lo que te pasa.

Tercero, porque te voy a dar una clave muy simple para ayudarte a lograrlo este año. Yo lo voy a intentar también.

La mejor forma de lograrlo

Vamos a ver cómo podemos lograr hacer realidad UN propósito para este año 2011, con el que es probablemente el propósito más extendido (en los países ricos): adelgazar.

Yo lo tengo en el top of my list toooooodos los años. Ya os lo he comentado más veces, que no estoy cómoda con esos kilitos de más que, excusa tras excusa, se van acomodando en mi anatomía. Pero no lo logro, oiga, no lo logro. Ya no es sólo una cuestión estética (aunque reconozco que es lo que más “pesa” ;D), es también por sentirme más ligera y sana.

Todos los años me hago el súper propósito: voy a adelgazar tanto, con un régimen draconiano, bebiendo agua todo el día, haciendo comidas mucho más pequeñas pero más veces, yendo a pilates o a yoga dos días por semana, andando mucho más… y para cuando he terminado de formular esto, me voy a la cocina a por un trozo de chocolate porque ya me he deprimido sólo de pensarlo.

¿Qué ocurre? que resulta que es muy diferente hacerse un propósito que crearse un hábito. Y estoy convencida que la manera de lograr cambios sustanciales y permanentes en nuestras vidas es creando nuevos hábitos. En el momento en que incorporamos un hábito en nuestra vida, ya no hay que pensar en ello, ya no hay que estar en constante negociación con nosotros mismos, pasa a formar parte de nosotros mismos.

Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, por tanto, no es un acto sino un hábito. Aristóteles

¿Y cómo logramos inculcarnos hábitos nuevos que nos lleven a cumplir nuestros propósitos? poco a poco. Uno no se puede plantear: tengo que perder peso, beber más agua, hacer más ejercicio, andar más… ya la hemos liado: estoy  queriendo cambiarlo todo a la vez y así no va a funcionar. Divídelo en partes manejables, tareas más pequeñas que puedas ir conviertiendo en hábitos una a una. Empieza por una que te resulte más fácil para animarte: por ejemplo habituarte a beber más agua. El agua te hace sentirte saciado, y si logras acostumbrarte a beber un par de vasos antes de comer, seguro que empezarás a comer menos.

Piensa que necesitarás entre cuatro y seis semanas para, con compromiso, centrado y decidido, crearte un hábito nuevo. Plantéate que el primer mes vas a incorporar en tu rutina beber un número mínimo de vasos de agua al día. Date un mes para cumplirlo y cuando lo hayas hecho, pasa a la siguiente tarea: por ejemplo, dejar de tomar pan por la noche. Y así sucesivamente.

El denominador común del éxito radica en formarse el hábito de hacer cosas que a los que fracasan no les gusta hacer

De esta manera, dentro de seis meses en vez de frustrarme y decepcionarme conmigo misma un verano más sin poder ponerme esos bikinis que “había comprado un poco más pequeños porque sientan mucho mejor y total, voy a perder peso”… no te digo que lo habré logrado todo ni mucho menos, pero seguro que de esta manera habré dado algunos pasitos hacia una rutina nutricional más sana y estaré mucho más cerca de mi objetivo que todos los años anteriores.

Este sistema lo puedes aplicar a cualquier propósito que quieras hacerte para este recién estrenado 2011. Plantéatelo.

En resumen: los propósitos se logran a base de hábitos. Elige UN hábito, divídelo en tareas pequeñas y ve incorporándolas una por una, dándote un mes para que se asienten. ¿Te apuntas?

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